La infamia de Durban
Herzl Inbar
Embajador de Israel

 


La infame ecuación sionismo=racismo fue adoptada por una mayoría de la Asamblea General de la ONU en 1975. Un momento que el actual Secretario General de las Naciones Unidas caracterizó como uno de los más bajos del historial de la Organización.

La ecuación tuvo su origen en los cráneos de la propaganda y desinformación de la entonces Unión Soviética cuyos líderes estaban preocupados (con razón) por la lucha de los judíos en su empeño por su libertad cultural y religiosa y por el derecho a la emigración que amenazaba con corroer aun más los endebles cimientos sobre los que se apoyaba el “paraíso comunista”.

Debían, además, ofrecer alguna satisfacción a sus clientes árabes tras su derrota (y la de las armas soviéticas que les fueron proporcionadas a granel y a precio de liquidación de fin de temporada).

De más está decir que los países árabes se plegaron al juego con entusiasmo, sabiendo tanto ellos como la Unión Soviética que encontrarían terreno fértil en una Asamblea General, compuesta entonces en su mayoría por representantes de países totalitarios.

Se trataba del año 1975, A.P. (Anno Petrolensis), en el que la divisa negra y la escasez de combustible orquestada por la OPEP, regían y determinaban las decisiones en el ámbito internacional.

Una Asamblea que, atemorizada por los efectos de la crisis petrolera y dominada por una mayoría automática (controlada por los países islámicos, el bloque comunista y regímenes gobernados por los Gadafi, Bocassa e Idi Amin), no tuvo reparos en votar por la ignominiosa resolución.

En 1991, después de la caída del Muro de Berlín, con el resultado de la democratización de los países de Europa Oriental y la caída de regímenes totalitarios en otras partes del mundo, la Asamblea General derogó la resolución.

El intento de los palestinos y de países árabes e islámicos de resucitarla obedece, obviamente, a una intención política que nada tiene que ver con los objetivos de la actual reunión Internacional contra el Racismo y la Discriminación que se celebra en Durban.

Pero más que hacer hincapié en el móvil (obvio y lamentable) de los palestinos, cabe considerar quiénes son los que hoy se hacen eco de la comparación. Provienen desde los dos extremos del espectro político-ideológico: de un lado, extremistas de derechas (o sus mentores ideológicos), que en su momento consideraron que Hitler y el nazismo salvarían al mundo y, del otro, corifeos de izquierdas (o sus mentores ideológicos) que veneraban a Stalin y al estalinismo como promotores de la redención.

Si el nazismo es salvación y el comunismo redención, entonces el sionismo es racismo, la noche es día, el pecado una virtud, etc.

Creo que fue Lenin quien dijo que “el antisemitismo es el socialismo de los imbéciles”.

Dado que el antisionismo es, en la mayoría de los casos, un mal disimulado antisemitismo, el silogismo es obvio... (sin ir más lejos, antisionismo es antisemitismo, por la sencilla razón de que niega al pueblo judío un derecho universal que es el de la autodeterminación).

Ante la mayoría automática de 1975 (que todavía persiste, aunque algo debilitada) se levantaron voces preclaras y conciencias prístinas. Una de ellas era la del Padre Católico Benjamín Núñez, entonces representante de Costa Rica ante las Naciones Unidas, quien en un memorable discurso en la infame Asamblea dijo:

«... líderes distinguidos de las Iglesias Católicas y Protestantes reunidos la semana pasada ... manifestaron, en carta al Secretario General de esta Organización, lo siguiente: “Comparar sionismo con racismo es una calumnia en contra de los judíos y significa revivir el viejo antisemitismo que fue un azote en contra de la humanidad durante siglos”...
Permítaseme decir que existe una vana ilusión en aquellos representantes que crean que con la Resolución antisionista [...] podrán perjudicar al pueblo judío y al movimiento sionista o al Estado de Israel. Al contrario, ... de ser aprobada, lo único que logrará será convertirse en un latigazo de advertencia al pueblo judío para que intensifique sus trabajos sionistas y su lucha por la liberación total; ... El principal herido de gravedad de esta batalla absurda será la propia institución de las Naciones Unidas, cuya Carta es vejada en forma flagrante.
... el ataque contra el sionismo es una forma eufemística de revivir el antisemitismo, que produjo los horrores de la era nazista antes y durante la última Guerra Mundial. Por eso además de irónico, resulta verdaderamente indignante que en un documento condenatorio del racismo y de toda forma de discriminación racial se intente justificar y alentar odio contra el pueblo judío. ... Por eso resulta también irónico, a la vez que indignante, que muchos Estados Miembros del grupo de los llamados “no alineados”, que se proclaman campeones del anticolonialismo y cuya existencia se debe al esfuerzo de jóvenes movimientos de liberación nacional, ataquen al sionismo, que es el más antiguo de todos esos movimientos libertadores.
... Lamenta mi delegación que los nobles pueblos africanos que tanta fe habían puesto en la declaratoria de guerra al racismo ... se vean posiblemente defraudados por la ceguera de quienes pretenden mezclar una causa justa con la más injusta de las causas en este conjunto de Resoluciones ...
... si se aprobase ese proyecto, que es una invitación desembozada al genocidio del pueblo judío y a reabrir capítulos de la historia de dolor y persecución para ese pueblo, se habrán asegurado el más grande fracaso de quienes le han apoyado.»
Sus palabras tienen hoy la misma fuerza y vigencia.

El conflicto entre Israel y sus vecinos palestinos se encuentra en una fase difícil y peligrosa, es complejo y no se presta a actitudes y posturas maniqueas. Por supuesto que es legítimo criticar a Israel (o a cualquier otro Estado). La crítica externa, y más aun la interna, tal como se practica intensamente en Israel, es beneficiosa y vital para la democracia. Lo que ocurre en Durban en torno al tema del sionismo e Israel (y su eco entre extraños “bed fellows” de derechas y de izquierdas) es ilegítimo porque toma un solo país en el mundo entero aplicándole un trato discriminatorio que es, en sí mismo, una cruda manifestación de racismo.

[Madrid, septiembre de 2001]