“Explicaciones” palestinas

Ehud Yaari



 
 
 

Jerusalem Report, 7 de mayo de 2001

 
 No son sólo los esfuerzos de Israel –siempre en entredicho- de “hasbará” (término hebreo que significa “explicación”, usado por el gobierno para denominar su labor informativa en el exterior) los que provocan la pérdida de apoyo en la opinión pública internacional. Además del continuo fracaso por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores a la hora incluir portavoces sofisticados contra Hanan Ashrawi, así como el intento inútil de cargar el peso de esta “hasbará” sobre los hombros del ejército, sumado a lo que éste ya tiene a su cargo, se está produciendo también un importante cambio estructural en los métodos y medios que utiliza el periodismo. Actualmente, éste es el problema principal de Israel a la hora de proyectar su imagen en el exterior.
La esencia del cambio es la siguiente: los palestinos han tomado de forma muy efectiva el control de la información sobre la intifada y, en general, sobre lo que ocurre en los territorios. Desde hace ya muchos meses, la mayor parte de esta información (de cualquier tipo) que vaya a ser enviada fuera de este área, ha pasado por el filtro de la óptica palestina o, muy a menudo, ha sido literalmente creada por los mismos palestinos.
        Según mi propia estimación, más del 95% de las imágenes de TV que son emitidas vía satélite cada noche por los distintos canales internacionales así como a los israelíes han sido obtenidas por equipos y medios palestinos. Las dos agencias principales de imágenes de vídeo del mercado (APTN y Reuters TV) han creado una red completa corresponsales locales y de periodistas independientes palestinos, dentro de los mismos territorios para proporcionar una cobertura inmediata de los acontecimientos. Estos grupos están, obviamente, identificados emocional y políticamente con la intifada y, en el mejor de los casos, no dudarían en dejar de filmar cualquier cosa que pusiera a la Autoridad Palestina en una situación embarazosa. De esta manera, las cámaras están influidas para mostrar de una forma “parcial” las actuaciones del ejército israelí, no enfocando nunca a los francotiradores palestinos, por ejemplo, y produciendo diligentemente unos primeros planos muy parciales de la situación sobre el terreno.
        Estas imágenes son adquiridas por varios clientes y son editadas para la emisión de reportajes por corresponsales locales. Es muy raro ver imágenes en la pantalla de televisión que no hayan sido suministradas por AP o Reuters.
Y lo mismo se puede decir de la información de los servicios de teletipo. La mayoría de éstos trabajan, cada vez más, con periodistas palestinos. Cualquiera que eche un vistazo a las datas de las noticias sobre la intifada se dará cuenta de que están escritas por árabes. Pese a la supervisión y a los estándares a los que se adhieren las agencias de noticias, la tendencia en los encabezamientos y el énfasis en los textos son claramente críticos con Israel.
        Las corresponsalías de prensa extranjera en Israel toman cada vez más asistentes palestinos a fin de escoltar a sus corresponsales dentro de los territorios, para ayudar a concretar entrevistas y conseguir las últimas noticias. Una vez más, el orden del día no tiene ningún misterio, ya que incluso los más profesionales son cuidadosos de no despertar la ira de la Autoridad Palestina.
        Al mismo tiempo, la Autoridad Palestina (AP) ha dejado claro que la prensa israelí es considerada “non grata” en la Zona A de los territorios, las ciudades palestinas que están completamente bajo su control. De ésa forma, los periodistas israelíes pueden aventurarse sólo si son invitados y deben estar acompañados por alguien de confianza que mire no sólo por su seguridad, sino también por lo que ven.
        En las últimas semanas los Tanzim (las milicias de Fatah) han repartido panfletos advirtiendo a los periodistas israelíes de que no pongan los pies en el territorio de la AP. Concretamente algunos periodistas han recibido amenazas por teléfono tras publicar artículos en la prensa israelí que no agradaron a miembros destacados de la AP. Penetrar en el lado palestino de Hebrón, Nablús o Belén se ha convertido en una complicada operación para los periodistas israelíes, cargada de riesgos, que requiere una detallada coordinación, motivo por el cual no tienden a ir mucho a estas zonas. Así, incluso la prensa israelí se ve obligada a recurrir a fuentes de información palestinas o, al menos, a personal árabe israelí.
        Nuestra radio estatal, por ejemplo, difunde noticias de los periódicos palestinos todas las mañanas, cada hora, como si fueran noticias calientes y, en cada nueva transmisión, una noticia diferente.
        Así es cómo Yasser Arafat y compañía se las han arreglado para impedir la libre información sobre la AP y, al mismo tiempo, ganar influencia en el modo de informar de los periodistas. Han instituido un sistema informal “palo-zanahoria” para convencer a equipos de periodistas y fotógrafos de que eviten “causar daños”, y la verdad es que no está funcionando nada mal.
        La información de los corresponsales palestinos para los canales de televisión árabes han sido moldeados significativamente en tono y contenido. Algunos de ellos están cerca de cruzar el limite entre informar e incitar, bajo la presión de la Autoridad Palestina, para agitar a la opinión publica en el exterior. Ellos siempre ofrecen una plataforma a los propagandistas de la AP, y a los portavoces israelíes no les dan tiempo suficiente para responder.
        Incluso antes de que la señora Ashrawi salga en directo, otros han recorrido un largo camino para completar su labor. Finalmente, Israel debería de asegurarse de que los hechos sean claramente entendidos por los clientes a los que se les ha suministrado información por este sistema.
 




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