EL ANTISEMITISMO EN LA ERA POSTCOMUNISTA*

Antisemitismo

Por Shlomo Avineri


 

Formo parte de quienes creen que a partir de los datos del mundo real, muy poco es lo que puede hacerse para poner fin al antisemitismo en sus diversas manifestaciones. No porque el mundo sea antisemita ni porque los no judíos lo sean, sino porque en el mundo se dan determinadas situaciones propicias para el surgimiento de toda clase de factores oscurantistas, y el antisemitismo es uno de ellos. Tal vez no sea éste el sitio apropiado para pronunciar estas afirmaciones, pero si creyera que en verdad resulta posible la lucha contra el antisemitismo, que en verdad puede enseñarse a la gente a permitir a los judíos vivir entre ella aun en situaciones difíciles, que es posible persuadir a la gente de que debe respetar las tumbas y los lugares judíos aun cuando los judíos no vivan ya en ellos; si creyera que se puede educar a los no judíos en ese sentido, tal vez pensaría también que la existencia del Estado de Israel no es necesaria.

No creo que sea así. El Estado de Israel y el sionismo no han nacido del antisemitismo, sino del intento y la voluntad del pueblo judío de crear su propia autodefinición e identidad en su contexto histórico. Pero si alguien busca en verdad la respuesta al antisemitismo, hay sólo una y se halla aquí. Ningún esclarecimiento y ninguna educación podrán resolver el problema; lamento decirlo, porque nos hemos reunido aquí para afrontarlo. Deseo comenzar con este supuesto básico, y de esta manera haré referencia a la Organización Sionista y otros entes. Se debe hablar ante los jefes de estado, preparar programas de televisión y comprometer a toda clase de pobres parlamentarios de países semihambrientos para que adopten decisiones a favor del sionismo y en contra del antisemitismo, pero sin hacernos demasiadas ilusiones. Existe una sola respuesta al problema, y se halla en el Estado de Israel.

Me referiré a continuación al ascenso del antisemitismo en la era postcomunista. El régimen comunista, que se atribuía el monopolio del gobierno y del pensamiento, reprimió cualquier concepción alternativa a nivel ideológico. Una de ellas, que fuera reprimida de la manera más intensa, guarda relación con aquella frase clave del Manifiesto Comunista: "Los obreros no tienen patria". En la jerga comunista, esto se tradujo en lo que posteriormente se dio en llamar "el internacionalismo socialista", cuyo significado era el de que los intereses de la Unión Soviética como potencia eran prioritarios a los de cada república y cada pueblo de la Unión Soviética, y de cada estado integrante del Pacto de Varsovia. En la realidad, todos los movimientos nacionales —incluido, por supuesto, el movimiento nacional judío sionista— fueron reprimidos por el régimen comunista.

La cuestión judía toda se complicó en la URSS por la existencia del Estado de Israel y su leit motiv sionista, que sostiene que todo judío constituye un potencial de aliá, o sea, de emigración del paraíso socialista. Todo se complicó, pero cabe recordar que una de las cosas más intensamente reprimidas en la URSS y sus satélites fueron los movimientos nacionales. Cuando los regímenes comunistas empezaron a tambalear y dio comienzo la danza triunfal del Occidente liberal y capitalista, una de las cosas que caracterizaron a los años 1989 y 1990 fue la concepción —que yo veo como una ilusión— que dice: Después del derrumbe del régimen comunista en dichos países (que fue un colapso a nivel ideológico y funcional, a nivel de la seguridad corriente y de la concepción estratégica soviética, y a nivel de la economía) la alternativa radicará en la creación de regímenes democráticos y liberales, de la economía de mercado, de un capitalismo de un signo u otro".

 

El comunismo ha muerto pero sigue viviendo

Esta fe fue la que dio lugar a la aparición de escritos filosóficos de ideólogos de derecha, que veían en el colapso de la URSS el fin de la historia. De una vez por todas se había demostrado contundentemente que el liberalismo, la democracia y el capitalismo habían triunfado, y que ya no tenían alternativa. Esta creencia hacía caso omiso de la realidad histórica de los países comunistas, en los que —con la sola excepción de Checoslovaquia— no había regímenes democráticos ni liberalismo político antes de que los comunistas los ocuparan.

Una vez derretidos los hielos soviéticos, en Siberia sólo brotaron unas pocas flores, porque antes del dominio comunista la mayor parte de estos países eran autoritarios según el modelo de la Rusia zarista. Se daban en ellos la represión nacional, la burocracia centralizada, la ausencia de derechos civiles y derechos humanos. A excepción de algunas regiones de Checoslovaquia, más precisamente de la República Checa, en ninguno de ellos había existido un gobierno democrático, economía de mercado, sociedad pluralista, igualdad de derechos y tolerancia.

 Por tal razón, también el status de los judíos era problemático en estos países, porque constituían el primer foco de odio de los diversos movimientos nacionales. Debemos recordar que el nacionalismo polaco era antisemita en la misma medida en que era antialemán y antirruso. Los antisemitas ucranios eran antisemitas y también antipolacos y antirrusos. Es decir, debemos comprender que el antisemitismo de las sociedades de Europa del Este no era el mismo de las sociedades democráticas y liberales. Se trataba de una pequeña mella en medio de un rostro mucho más problemático.

 Cabe recordar que cuando estas sociedades se liberaron del comunismo, para muchas personas de Europa del Este no fue una liberación; en cierta medida fue una restauración, una suerte de retorno a la identidad y la esencia de su propia existencia. Cabe también recordar que para muchas de estas sociedades de Europa del Este, la liberación del comunismo constituyó un motor social sumamente intenso y una motivación social no menos intensa, porque se trataba también de la liberación de los rusos, o de lo que se percibía como comunismo soviético.

 

El postcomunismo y los judíos

 En el proceso de restauración, cada uno de estos estados recupera su símbolo histórico, su bandera histórica, sus héroes históricos reprimidos por el comunismo, su mapa histórico y también sus mitos históricos, ya se trate de mitos convertidos en historia o de una historia transformada en mito. Bien sabemos de qué manera crean los movimientos nacionales en formación sus mitos cohesionantes. Uno puede preguntarse por qué razón en Hungría, Rumania, Polonia, Rusia o Ucrania se puede regresar a una memoria histórica de la que los judíos forman parte; éste es el punto que se debe recordar. Me cuento entre quienes piensan que la transición de los países postcomunistas hacia la democracia, la tolerancia, el liberalismo y el capitalismo habrá de ser sumamente problemática, y por ello también será compleja la situación de los judíos.

 Daré un ejemplo vinculado con Rusia: cuando Yeltsin fue elegido presidente me hallaba en Moscú con unos amigos, intelectuales judíos que en su mayoría habían sido comunistas y ahora son partidarios de Yeltsin. Estábamos en su casa viendo el acto por televisión, y ellos, por supuesto, se emocionaron. Después del juramento de Yeltsin, el patriarca de Moscú y de Rusia, Alexei, se puso de pie e hizo la señal de la cruz. En la casa se produjo un hondo silencio. Mis amigos dijeron: "No esperábamos esto", y les repliqué: "Esta es la nueva Rusia". Se puede regresar a cosas aún peores que la señal de la cruz: se puede retornar a Pedro el Grande, Catalina e Iván el Terrible. Los recuerdos son infinitos, pero esto es lo que guardan los pueblos en las alforjas de la historia. Esta dificultad es la que en gran medida habrá de determinar el avance de las soluciones para los dilemas a los que los judíos deben hacer frente.

 Otro dilema se relaciona con el fracasado intento de putsch en el que murieran tres jóvenes que enfrentaron a los tanques, uno de los cuales era judío. Uno de los acontecimientos más dramáticos —que tal vez sólo pueda ser comparado con la toma de la Bastilla— fue la victoria de la Rusia de Yeltsin sobre los conspiradores. Esto simbolizó concretamente el fin del comunismo en la URSS. El sepelio del muerto judío se realizó el sábado. Los judíos comenzaron a discutir que el joven no pertenecía a una familia religiosa, porque la intención era sepultarlo como judío, cubierto con el talit, y que el sábado se dijera por él el Kadish. Una persona había muerto por Rusia y era judía. Perdónenme lo que digo, pero el hecho de que uno de los tres muertos por Rusia haya sido judío tiene un efecto esclarecedor. Finalmente hallaron un rabino que dijo el Kadish en sábado, y puedo imaginar cuántas buenas razones es posible hallar para ello.

 Esa fue la primera vez que los 200.000.000 de habitantes de la URSS vieron a un judío enterrado con el talit y a alguien que decía Kadish por él; nunca se había visto algo así en Rusia. En la URSS murieron cientos de miles de judíos como soldados soviéticos, caídos por la patria en tiempos de guerra, y ninguno de ellos tuvo sepultura judía. Por primera vez se vio un sepelio, una ceremonia, o algo similar a ella en sábado. Muchos rusos dijeron: ¿Por qué el rabino debe decir eso? ¿Por qué una plegaria judía? Ha muerto por Rusia. De pronto se vio que por primera vez en esa sociedad libre y abierta en la que un judío moría por Rusia, se hallaban expuestos a los dilemas de la actitud de gran tolerancia y comprensión que la sociedad mayoritaria adopta ante las extrañas costumbres de un grupo minoritario. En la opinión pública rusa se dio el debate acerca de si era necesario realizar un sepelio judío, y si en general había lugar para algo así. El hecho de que las otras víctimas hubieran sido enterradas con una ceremonia pravoslava resultaba obvio, porque habían muerto por Rusia, pero, ¿qué hacía allí ese judío con el talit? De pronto se comprobó que esa sociedad debía aprender a convivir con el pluralismo y con la evidencia de que los judíos son un poco diferentes. Sabemos que en Occidente a veces resulta difícil; en Rusia, después de 500 años de zarismo y 75 de comunismo, lo es mucho más.

 Cabe recordar que desde 1917 y después de 1945, había en Europa del Este una ideología alternativa para resolver la cuestión judía; una ideología alternativa al sionismo, que a los sionistas no nos gustaba porque la considerábamos opresora. Pero no debemos olvidar que el comunismo sostenía —tanto antes de su ascenso al poder como después de él— que los obreros no tienen patria, y que todos los problemas nacionales son tan sólo problemas económicos; por eso, la sociedad del futuro habría de ser a-nacional. El comunismo intentaba también decir que resolvería el problema nacional judío al igual que todos los demás problemas nacionales.

 No es casual que el porcentaje de judíos haya sido tan alto en los movimientos comunistas de Rusia y Europa antes de 1917, y en los de otros países después del Holocausto. Una broma de tiempos de la revolución relata que en 1917, durante la primera sesión del Soviet Supremo, un joven judío comunista de una aldea de Ucrania llevó a su padre a Petrogrado, a las sesiones del soviet, para mostrarle a la gente. Se sentó a su lado en la sala, mientras los oradores se ubicaban sobre el escenario. El padre preguntó: ¿Quién es ese hombre con barba que está hablando? Trotsky. ¿Su padre es judío? Sí. ¿Y el que está al lado? Zinoviev. ¿Es judío? Sí. ¿Y al lado? Kamenev. ¿Judío? Sí. ¿Y a su lado? Stretlov. ¿Judío? Sí. ¿Y ese pelado y con barba? Lenin. ¿Es judío? No. Entonces el padre preguntó: ¿Qué hace aquí? Y el hijo respondió: La empresa está registrada a su nombre.

 Por supuesto, el comunismo no es parte de la conjura judía para apoderarse de Rusia, Polonia o Hungría; pero no es casual que tantos judíos de dichos países —los que no aceptaban el sionismo y los que no se trasladaron a Occidente— lo hayan visto como alternativa. Hay dos razones para ello:

  1. Los judíos estaban más oprimidos que los otros, por eso tenían mejores razones para integrarse a la corriente revolucionaria radicalizada.
  2. El comunismo dijo a la intelligentsia judía: finalmente habremos de crear aquí una sociedad en la que no importe en absoluto el hecho de ser judío, ruso o húngaro. Era una utopía, un ideal, y la gente joven que se halla en situaciones difíciles se aferra a estas ideas.

 Por eso, después de 1945 hallamos en Europa del Este muchos judíos, en número totalmente desproporcionado de 1 a 10, 1 a 15, en las cúpulas de los partidos comunistas, y en especial en dos focos estratégicos. ¿Dónde se hallaban tantos judíos? Ante todo en los departamentos ideológicos de los partidos y en las redacciones de los periódicos. ¿Por qué? Los judíos son inteligentes. La intelligentsia húngara, polaca o rumana no judía, que era básicamente nacionalista y un poco fascista, permitió el ingreso de los judíos a esas secciones. ¿Dónde más se hallaban judíos en cantidades realmente desproporcionadas? En los servicios de seguridad de gran parte de estos países. ¿Por qué? Porque la primera función de los servicios de seguridad después de la entrada de los soviéticos en 1945, era buscar prioritariamente a los colaboracionistas con los nazis, en Hungría, Checoslovaquia, Rumania y Polonia. ¿En quién se podía confiar que no tuviera un primo, hermano o allegado que hubiera estado involucrado, y que también se sintiera motivado a atrapar a los asesinos? No en un polaco, húngaro o eslovaco promedio; en un judío promedio, sí. Por eso se hallaba un número tan grande de judíos en los servicios de seguridad de esos países.

La memoria judía en la conciencia de Europa del Este

 Con frecuencia se pregunta uno cómo entender a una sociedad como la polaca, que alberga hoy en día a antisemitas sin judíos. Deseo efectuar dos observaciones, no para justificar sino para comprender que en determinadas circunstancias resulta difícil esperar que se actúe de otra manera. Si bien es cierto que actualmente casi no hay judíos en Polonia, sí los hay en su memoria histórica. Los polacos que están escribiendo ahora su historia polaca sin la cobertura del comunismo, deben enfrentar el hecho de que hubo allí tres millones de judíos, y que los polacos no siempre se comportaron bien con ellos. En cualquier momento de su historia que los polacos recuerden, los judíos están presentes, incluso en su ausencia, porque vivieron allí 500 años y la historia de Polonia no puede escribirse sin ellos. Hay judíos en la conciencia histórica polaca, y los polacos —al igual que todos los Otros pueblos— escriben libros sobre su propia historia, incluido ese difícil y oscuro capítulo judío.

 Hace algún tiempo se realizó en Polonia una encuesta estremecedora. Se preguntó a la gente cuál era el porcentaje de judíos en la población, y respondieron que entre un 3% y un 15% de la población de Polonia era judía, lo que implica que su visión del mundo está tergiversada. En el movimiento Solidaridad y en las luchas políticas de hoy en día hay al menos dos personalidades muy destacadas que son judías: una de ellas es Adam Mychnik y la otra Garmak, presidente del partido de centro, el más grande surgido de Solidaridad. En Polonia no hay judíos, pero estas dos personas identificadas con la discusión política entablada con la concepción liberal, son judías, y no hay quien no lo sepa.

En otras palabras, lo que podemos ver hoy en día en todos estos países es que, puesto que carecen de una historia democrática e instituciones democráticas, retornan a su propia historia. En ese sentido, también nosotros lo hicimos. El ascenso del sionismo —no como movimiento intelectual, sino como movimiento de masas— comenzó en Europa Central o del Este en la segunda mitad del siglo XIX. En ese tiempo en el que los movimientos nacionales y sociales desgastaban a los judíos, éstos se hallaban entre los polacos y los alemanes, entre los rusos y los polacos, entre los lituanos y los rusos, entre los checos y los alemanes en Praga. Esa situación los llevó a la gran emigración hacia Occidente, pero también los condujo hacia los fundamentos ideológicos y sociales del sionismo.

El ascenso del comunismo en 1917, y posteriormente en 1945 en los países fuera de la URSS, sacó a los sectores judíos de esos estados del círculo del sionismo clásico. La opción sionista dejó de existir para ellos, porque la misma realidad cambió. Ahora, esos países han vuelto a 1914 y 1938, y por eso también la realidad judía y sus dilemas han regresado a 1914; por eso, el libro más popular hoy en día entre muchos judíos de Europa del Este es La autoemancípacíón de Pinsker, de 1881.

La situación de hoy se parece mucho a la de 1881, lo que por supuesto nos obliga a comprender algo: se dice que la inmigración desde Rusia o la URSS se ha frenado, pero no es así; tenemos una inmigración mensual de 6.000-7.000 almas. Este fue el sueño ancestral de nuestra existencia aquí, en el Estado de Israel. Esto implica que si hay dos millones de personas a las que puede aplicarse la Ley del Retorno, y llegan a un ritmo anual de 60.000-70.000, durante varios años existirá un considerable potencial de inmigración significativa, que habrá de imponernos una carga nada fácil. No estoy seguro de que nos hallemos preparados para esto; es un potencial incalculable. No digo que todos los judíos de Rusia, Hungría o Sarajevo inmigren; el mundo es más complejo, pero el potencial es grande. En las sociedades postcomunistas se da un retorno al nacionalismo, a la religión, al discurso histórico político precomunista, y todo esto habrá de seguir poniendo a los judíos en situaciones difíciles, aun sin que se produzcan bruscos estallidos de antisemitismo violento.

No se debe aguardar, temer o prever pogroms. De pronto resulta que estas sociedades retornan a la identidad rusa, ucrania, polaca o húngara, y eso creará graves dificultades a los judíos. Creo que debemos comprender el ascenso del antisemitismo y la sensación de incomodidad de los judíos y ante ellos en este contexto. Ninguna campaña de esclarecimiento, prédica o llamado a la buena conciencia de la gente habrá de resolver el problema, porque estas sociedades atravesarán avatares y problemas muy serios en las próximas décadas. Estas son las situaciones clásicas en las que los judíos se hallan bajo un fuego cruzado.

 

Debate

 

  • Dr. Yoram Beck, Instituto Bialik, Organización Sionista Mundial.

  • Prof. Israel Eldad, escritor y docente de humanismo, "ciudadano dilecto" de Jerusalem.

  • Dr. Ytzhak Avineri, Administración de Emisarios de la Organización Sionista Mundial.

  • Sr. Yoel Bar-Romi, jurista, ex embajador y actual asesor del ministerio de RR.EE. en cuestiones de antisemitismo.

  • Sr. David Eichenbaum, autor del Diccionario Semántico de la Lengua Hebrea.

 

Yoram Beck:

La historia nos enseña que no hay restauraciones completas, La pregunta es de qué manera influye sobre las nuevas repúblicas la existencia del Estado de Israel a nivel diplomático, a nivel del retomo al antisemitismo y con respecto a la situación de los judíos en dichos países.

 

Israel Eldad:

¿Están estos países hoy en día, en la era postcomunista, abiertos a que elementos foráneos como los judíos se asimilen en ellos más que antes?

 

Ytzhak Avineri:

Ud. dijo que la respuesta al antisemitismo es venir a Israel, pero eso no significa que ésa sea la solución contra el antisemitismo. Al hablar de la memoria polaca se debe mencionar también la memoria mundial, O sea, que la memoria del presente existe incluso en aquellos países en los que no hay judíos. En otras palabras, tampoco veo en el retomo a Israel la solución al problema del antisemitismo. Es una solución buena como autonacionalismo del pueblo judío, como autoemancipación judía, pero no la solución al problema del antisemitismo.

 

Yoel Bar-Romi:

El Prof. Bauer explicó que Pamyat constituye hoy en día un factor marginal. ¿Cuál es el factor principal y dinámico del antisemitismo en Rusia?

 

David Eichenbaum:

Tengo la impresión de que con el paso del tiempo, el antisemitismo pasa a ser de odio a los judíos a odio al Estado de Israel, por causa de toda clase de fuerzas interesadas en canalizarlo en esa dirección. También en la propaganda antisemita soviética se hablaba del sionismo internacional, que equivalía a lo que dicen Los protocolos de los sabios de Sion acerca de la conjura judía mundial. ¿Qué probabilidades ve de que esto cristalice en aquellos países a los que hizo referencia?

 

Shlomo Avineri:

 

Respuesta al Prof Eldad: Tiene razón en lo que dice con respecto al nacionalismo. La concepción soviética es que las sociedades socialistas no necesitan, por supuesto, del nacionalismo, pero éste se da ciertamente en ellas como herramienta anticolonialista. A esto debe añadirse otro matiz de la concepción leninista: si bien negaba el nacionalismo, permitió a las diversas naciones de la URSS desarrollar sus tejidos culturales, a condición de que no intervinieran demasiado en el monopolio del poder político. A consecuencia de ello, en sus primeros años el régimen soviético alenté muchísimo las diversas expresiones de las culturas nacionales, incluida la cultura judía tal como él la percibía, y también, por supuesto, como alternativa al sionismo y al hebreo. Muy pronto se vio que dicha trama cultural no puede cortar su relación con el judaísmo del mundo y con la cultura hebrea, después de décadas en que toda esta cultura idishista de la URSS fuera reprimida.

 

Respuesta al Dr. Yoram Beck: Nunca hay restauración; ésa es, en gran medida, una ilusión. No estoy seguro de que tengamos una respuesta clara a la pregunta de cuál fue la influencia de la creación del Estado de Israel. Parte de la memoria histórica de esos países es que los judíos son muy poderosos, y ésta es una de las razones por las que los rusos y los polacos deben temerlos, pues los dominarán. Si los judíos son poderosos, también lo es el Estado de Israel, y si la población de estos países necesita ayuda de Occidente, conviene llevarse bien con los judíos.

 Como consecuencia de esta concepción demonológica del poderío judío —en la que subyace un fundamento cierto— se dan a veces el filosemitismo y un gran apoyo a Israel. En definitiva, parte del entusiasta establecimiento de relaciones que hemos logrado durante los últimos cinco años en Europa del Este proviene del supuesto de que podemos abrirles las puertas de Occidente. No sé en qué medida influye esto sobre la actitud hacia los judíos de dichos países; es muy probable que en muchos lugares lo haga de esta manera. También la gente neutral con respecto a los judíos a nivel individual dice que si son una minoría que reclama derechos, todos los pueblos tienen su estado, y también los judíos. Les dicen: "Ustedes quieren derechos aquí y también el vínculo con la patria". Surge entonces el problema de la doble lealtad: por una parte se recurre a los judíos locales para abrir puertas en Jerusalem o Nueva York, y por otra se les dice que tienen un estado.

 

Respuesta al Dr. Ytzhak Avineri: Creo que lo que dijo es correcto a nivel filosófico. La praxis social me interesa precisamente porque tengo un pensamiento político. Lo que quise decir fue que no sé si el antisemitismo tiene solución, pero si hay judíos que lo padecen, puedo decirles cómo resolver su problema. El antisemitismo pertenece al buen mundo de lo metafísico, y por eso no sé qué habría de suceder si todos los judíos se reunieran en Israel. Tampoco estoy seguro de identificar de manera tan clara e inequívoca que el antisemitismo es antiisraelismo y antisionismo y antijudaísmo. Precisamente por haber sido las víctimas, debemos distinguir entre aquéllos que querían quemar a los judíos que se habían convertido al cristianismo y se arrepentían para salvar sus almas, tal como lo hacía la Inquisición, y los que quemaban judíos —aunque se hubieran convertido al cristianismo— porque hay algo degenerado en la raza y la sangre judías. En un caso y otro se quemaban judíos, pero como fenómeno histórico y social, el antijudaísmo cristiano difiere del antisemitismo racista nazi. No se puede incluir a todas estas cosas en una sola categoría. En este gran edificio del antisemitismo hay toda clase de habitaciones diferentes.

 La discusión de los soviéticos con nosotros era una discusión política, y cuando una discusión política sube de tono, toda clase de cosas marginales pasan a ser importantes. La URSS adoptó una política antiisraelí a partir de 1967 por razones estratégicas, cuando la humillamos, vencimos a sus aliados y destruimos sus armas, motivos muy buenos para no amamos. Por eso me preocupa saber si podré afrontar el hecho de que haya judíos que sufren hoy en día fenómenos de antisemitismo. Creo que la respuesta está en educar al mundo. No lo educaremos para que sea mejor; debemos saber cómo hacer frente a este mundo, que hoy en día es mejor que hace 20 años, a pesar de que la tragedia de Sarajevo tenga lugar ahora.

 

Respuesta al Sr. Bar-Romi: ¿Cuál es el factor dominante, si no el Pamyat? No creo que haya un factor político dominante. En Rusia hay una situación de carencias, de sensación de humillación, de un pueblo imperial que ha perdido su imperio histórico y su imperio comunista, que tiene 25.000.000 de rusos étnicos en otros estados de la CEI. Esta situación es la causa de una tensión que puede dar a muchos judíos una sensación sumamente incómoda. Estos procesos históricos son mucho más poderosos, y resulta mucho más difícil luchar contra ellos. Si existe un movimiento como Pamyat, se lo puede combatir, denostar, arrinconar. Resulta fácil hacerlo porque se trata de fascistas despreciables, y cualquier persona decente se les opondrá. Cuando la situación es compleja, resulta más difícil.

 

Respuesta a David Eichenbaum: ¿Cómo nos vemos como sionistas? Creo que el sionismo es para los judíos. Aún no hemos logrado educar a los judíos para que amen al sionismo; aún no hemos logrado educarlos en la idea de que Israel constituye una alternativa seria. Mantengo una discusión, incluso con algunos amigos aquí presentes, con respecto a la creencia de que podemos hacer algo significativo por medio del esclarecimiento, la prédica y la invocación a los buenos sentimientos de la gente. Soy muy pesimista en cuanto a lo que se puede hacer; no porque piense que todo el mundo es antisemita, o que los polacos y alemanes maman el odio a los judíos con la leche materna. Soy pesimista porque en situaciones políticas de crisis, los grupos pequeños son grupos vulnerables que se hallan bajo fuego cruzado. Uno de los motivos de la creación del Estado de Israel es el de que esa gente, que es judía, no se halle más bajo fuego cruzado.

 

*El Prof. Shlomo Avineri es docente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalem. El presente artículo ha sido publicado originalmente en Kivunim N0 5, y su versión española fue extraída de Kivunim (español), Abril 1995. y reproducido en internet por Hagshama.