Ajare mot

Un fuego extraño que se enciende
en cada generación...

"Habló el Señor a Moshé después de la muerte de los dos hijos de Aharón,
los cuales se acercaron ante la presencia del Señor, presentando un fuego
extraño y murieron". (Vaikrá, 16:1)
Así comienza nuestra perashá. Relatándonos un episodio que tuvo lugar no
hacía mucho tiempo atrás -en cuanto a los hechos-, pero que sin duda alguna
había dejado su impronta en la vida del pueblo judío todo y en las
expectativas de su Sumo Sacerdote (Aharón, hermano mayor de Moshé), cuyos
hijos Nadav y Abihu habían muerto como consecuencia de esta circunstancia
poco común. Pero vayamos a los hechos. ¿Cuándo y por qué tuvo lugar lo aquí
escuetamente narrado?
El momento en que ocurrió este lamentable suceso, de acuerdo con el texto
bíblico, tuvo que ver con un instante festivo, más concretamente durante la
"Inaguración del Mishcán", es decir, aquel "Santuario Móvil", antecedente
inmediato de lo que sería el "Templo de Jerusalém". Así lo narró la perashá
de "Sheminí", a partir del Capítulo 9 de nuestro Jumash de Vaikrá, que
describe en detalle los Sacrificios Festivos que tuvieron lugar en aquella
ocasión. Dicho Capítulo, concluye con la visión más optimista y el futuro
más promisorio que, para un pueblo y su dirigencia, pueda existir. Así lo
describe el texto mismo, y no existen palabras para igualar dicha
sensación. Veamos: "Entonces Aharón alzó las manos hacia el pueblo y los
bendijo, en seguida descendió del altar, donde había ofrecido la ofrenda
por el pecado, y el holocausto y las ofrendas pacíficas. Y Moshé y Aharón
entraron en la Tienda de Reunión; después salieron y bendijeron al pueblo.
Y apareció la Gloria del Señor a todo el pueblo. Y de la presencia del
Señor salió fuego que consumió de sobre el altar el holocausto y los sebos.
Y como lo viese todo el pueblo, lanzó gritos de júbilo y cayeron sobre sus
rostros". (Levítico 9:22-24).
Así son descriptos los instantes finales de un día "muy especial" como lo
fue la inauguración del Santuario: "She-haitá simjá lifné ha Kadosh Baruj
Hú keióm shenibreú bó Shamáim va-Arets", día en el cual "El Santo Bendito
Él se regocijó, tanto como en el día que creó los Cielos y la Tierra" al
decir de nuestros Sabios. Pero, ¿qué ocurrió después? ¿Qué sucedió a la
"explosión de júbilo y de alegría", a la bendición pronunciada por Aharón y
Moshé? Veamos por favor, la continuación de nuestro texto. Así comienza el
Capítulo 10: "Empero Nadav y Abihu, hijos de Aharón, tomaron cada cual su
incensario, y echando en ellos fuego, pusieron sobre él incienso, y
ofrecieron ante la presencia del Señor un fuego extraño, que a ellos no les
había mandado hacer. Y de la presencia del Señor salió fuego que los
devoró; y murieron delante del Señor. Entonces dijo Moshé a Aharón: Esto
mismo es lo que habló el Señor, diciendo: He de ser santificado por los que
se Me acercan, y delante de todo el pueblo seré tenido en honra. Y Aharón
guardó silencio".
Y nos agrega nuestra Torá el siguiente dato: "Llamó entonces Moshé a
Mishael y Eltsafán, hijos de Uziel, tío de Aharón, y les dijo: 'Acercaos y
sacad a vuestros hermanos de delante del Santuario, fuera del campamento'.
Ellos, pues, se acercaron, y los sacaron, con sus túnicas puestas fuera del
campamento, como había mandado Moshé..." (Levítico 10:1-5).
Hasta aquí el relato de los hechos. Un episodio difícil, duro de comprender
y cubierto de interrogantes hasta el día de hoy. Nuestros Sabios -de
bendita memoria- intentaron, tras profundo análisis, hallar una explicación
ante el dramático suceso.
Así lo comentará el autor de Iaarot devash: "Nuestros maestros aseveraron
(Talmud Bablí, Eruvín 13) que: 'la muerte de Nadav y Abihú se debió a que
enseñaron disposiciones legales (en aparente contradicción. N. de T. )
frente a Moshé, su maestro, y todo aquel que confronta ante su maestro
merece ser 'mordido' por la víbora' ". Quiere decir, que merece la muerte.
Esta posición nos muestra a Nadav y Abihu en franca rebeldía, lo que los
lleva a la pérdida de sus vidas.
Otra sin embargo, es la óptica que nos acerca Rashí, en su comentario al
versículo: "Rabí Ishmael decía: ingresaron -los dos- en estado de ebriedad
al Santuario, y esto lo puedes deducir, pues después de sus muertes,
previno a los sacerdotes restantes de apartarse de todo vino y bebida
espirituosa, para servir en el Santuario..."
Esta posición revela, en principio, una instancia poco común presente en el
servicio religioso, a partir de una transgresión -de orden moral- por parte
de estos dos hijos de Aharón.
El Rabino Shimshon Rafael Hirsch, en su comentario a Levítico entiende que:
"Y tomaron los hijos de Aharón...: Dice el texto los hijos de Aharón, para
insinuarnos que no le dispensaron respeto a Aharón, y tampoco -Nadav y
Abihú- se aconsejaron con Moshé, sino cada cual su inciensario, cada uno
tomó su propia iniciativa sin siquiera consultarlo entre ellos", sostiene
Hirsch, basándose en Torat Cohaním (Midrash Halajá de Vaikrá). El Rab.
Hirsch sostiene que ellos eran los hijos de Aharón mas no consultaron
previamente a su padre; o, precisamente porque eran los hijos del Sumo
Sacerdote, estaban seguros de estar eximidos de todo consejo o consulta
previa. Y al sentirse en una posición diferencial del resto del pueblo, y,
tal vez dando un valor exagerado a sus personalidades, estaban seguros de
que bastaba con sus propios criterios.
Y sentencia Hirsch:"No hay dudas de que la intencionalidad de ambos era
razonablemente buena; pues ellos mismos son denominados "Kerovái" - "Mis
cercanos", aún después de su pecado; y esta buena intención queda reflejada
en palabras del comentario que dice: 'Incluso ellos en su profunda alegría
(por la inaguración del Santuario), de momento que vieron un fuego nuevo,
fueron para agregar más amor al amor' ".
Entonces cabe preguntarnos: ¿por qué murieron? También esto responde el
Rabino Hirsch: "En el momento en que toda una nación tiene el mérito de la
revelación de D-s y de Su proximidad, no debe predominar la individualidad,
el yo... Los sacerdotes de Israel están involucrados en el grupo, y dentro
de él, hallan su expresión y su lugar frente al Servicio de D-s... Por
tanto, habremos de deducir que dicho 'acercamiento a prender un fuego
extraño', conllevaba una transgresión, tanto por 'acercarse' y por el
'sacrificio' en sí..." (Nótese por favor que ambas palabras participan de
la misma raíz hebrea: karov = cerca; korbán = sacrificio).
Por último veamos la concepción del tema, acerca de la muerte de estos dos
sacerdotes, de acuerdo a los sabios del Talmud, que en el Tratado de
Sanhedrín, hoja 52 A, comentan: "Se ha enseñado al respecto (la muerte de
Nadav y Abihu) que dijo Aba Iosi ben Dostai: 'Del Sancta Sanctorum -Kodesh
haKodashím- salieron dos lenguas de fuego que se dividieron en cuatro, y
les entraron por las fosas nasales, dos en la nariz de uno y dos en la
nariz del otro, y los quemaron. ¿No dice: 'Y los quemó'? ('los' significa a
ellos y a nadie más. ¿A quién se excluye?). A ellos, pero no a sus
ropas...' " Una muerte de la "Neshamá" -la espiritualidad- para los sabios
del Talmud. Sus ropas quedaron. Una suerte de "muerte en vida". Un
"incendio" que habría de "llorar toda la congregación de Israel..." Vidas
humanas que se perdieron en la búsqueda del honor, en la persecución de
vanidades o tal vez por suponer que el "mérito de los padres y abuelos" era
suficiente para desarrollarse como judíos y tomarse atribuciones como tal.
¡Cuántos de nuestros hermanos, dispersos por doquier, han encendido ese
"fuego extraño" que ha consumido sus almas, mas no sus ropas! ¿Cuántos han
abandonado el cálido fuego del judaísmo, para buscar abrigo en la triste
asimilación de las diásporas? Hay que acercarse -"Krevá"- en palabras del
texto, aunque no anteponiendo el abolengo. Hay que sacrificarse -"Korban"-
en palabras textuales, aunque agregando lo mejor de cada uno: saber cuál es
nuestro lugar, comprender cuál es nuestro destino -como individuos y como
pueblo-, y crecer junto al estudio práctico de nuestra forma de vida, la
Torá, escrita por el Todopoderoso "Esh shejorá al gabé esh levaná", al
decir de nuestros Sabios, escrita "con un fuego negro sobre un fuego
blanco". Todos los matices. Todos los fuegos.

Kedoshim

Santidad en lo cotidiano:
plantando la eternidad...

"Y cuando entrareis en la tierra, y hubiereis plantado todo género de
árboles de comer, reputaréis su fruto como incircunciso por tres años os
será como incircunciso; no se comerá.
"Y el año cuarto todo su fruto será consagrado al Señor con loores. Mas en
el año quinto comeréis su fruto; y serán en adelante para daros su fruto.
Yo soy el Señor, vuestro D-s". (Vaikrá, Levítico Cap. 19:23-25).

La perashá que nos ocupa la presente semana -"Kedoshim" - "Santos" o
"Consagrados"- es una de las más ricas en conceptos, criterios y enseñanzas
para la sociedad humana. En ella accederemos a la dimensión más elevada con
la que ha sido condecorado el ser humano en general, y que el pueblo judío
deberá llevar cual estandarte en su transitar por la vida: "Ama a tu
prójimo, como a ti mismo", sentencia nuestra Torá en esta perashá. Claro
está que esta regla, esta norma de vida, considerada como "la regla más
importante de toda nuestra Torá" según la sabia opinión de Rabi Akiva, no
aparece única, aislada. Es la conclusión "obligada" de los versículos
anteriores -diecisiete en total-, los cuales nos conducen desde:
"...Temeréis cada cual a su madre y a su padre; y guardaréis mis Shabatot",
hasta el "amor al prójimo", hacia una "mágica receta para vivir" asidos a
lo esencial, a lo más importante, si es que así pretenderemos captar
nuestra vida.
Y más tarde, nuestra perashá nos comenzará a hablar de aquellos aspectos
que estarán ligados indefectiblemente a la tierra de Israel, para poder
cumplirlos. Una suerte de definición por parte de nuestros Sabios de
"Preceptos que dependen -exclusivamente- de la tierra de Israel y el pueblo
judío habitando en ella para ser observados y debidamente cumplidos"
("Mitsvot hateluiót ba-Arets").
Y digamos entonces, que nuestra perashá, para ser "más actual que nunca" es
leída durante la semana en la cual celebramos -con orgullo y con
significativa emoción- un nuevo aniversario del levantamiento del Estado de
Israel. Efectivamente, celebramos "Iom ha-Atsmaut", el aniversario del
Soberano Estado Judío, que se yergue como pilar para toda la existencia de
nuestro pueblo, allí, en aquella misma tierra, para la que nuestra Torá
"prepara" los preceptos más especiales. Para vivirla, recrearla, para
aferrarse a lo esencial, ser "atsmaim"
-libres, soberanos, independientes-. Para ser nosotros mismos.
Es por ello que citamos al principio una frase que nos conmueve: ..."Y será
cuando entraréis en la tierra". Y esta "entrada" no pertenece tan sólo a
una época. Allí era para la generación saliente de Egipto. Más adelante
para quienes "retornaban a Tsión" desde Babilonia. Hoy para todos quienes
después de dos mil años de exilio -de la tierra precisamente-, deciden
abrazarse a lo esencial, deciden "elevarse" como individuos y familias, y
"hacer audible" una vez más, el comienzo de este versículo, tan eterno como
nuestra ligazón a D-s, a Su Torá y a Su Tierra: "...y cuando entrareis en
la tierra".
Y nos debe quedar claro, por el versículo mismo y su continuación, que
existe una tarea inmediata a realizar, para cuando se ingrese a la Tierra
de Promisión: "...y hubiereis plantado todo género de árboles de comer".
Hay que plantar, deberá el pueblo re-unirse con su tierra, laborarla,
amarla tal vez a partir del trabajo de la misma. Plantar, construir,
edificar. Hacer correr la "savia" elemental que fluya cual corriente de
"aguas vivas", y que nutra el cuerpo social de un pueblo, tornándolo más
humano y más Divino, a partir de su re-encuentro con Su tierra.
Pero llama la atención de nuestros Sabios -de bendita memoria- la regla
estipulada en cuanto a los frutos de esos árboles que deberá el pueblo
plantar, y los tiempos de "espera" para disfrutar de los mismos. Y como
siempre, al factor "naturaleza" le incorporaron un sentido práctico: la
comparación con lo humano. Porque ¿quién dijo que plantar es sólo para
agricultores, y que sólo se plantan árboles? Veamos, por favor, una
aproximación a nuestro tema, elocuente por sí misma.
Esta cita pertenece a la vasta literatura del Midrash, una regla
interpretativa de la Torá -"Derash"-, desarrollada durante siglos por
nuestros maestros, quienes hallaron a través de este camino, su canal de
"libre expresión" para embellecer -aún más- los conceptos bíblicos. Así
entonces, comentando y desarrollando el comienzo mismo de nuestro
versículo, nos dicen:
"Unetatém va-araltém..." ("Y si hubiereis plantado un fruto, lo
consideraréis como incircunciso..."): El texto nos está hablando de un niño
recién nacido. "Por tres años os será como incircunciso": pues aún la
creatura no habla lo suficiente ni entabla diálogo alguno con sus
progenitores; ..."Y el año 4to, todo su fruto será consagrado...": pues sus
padres lo consagran -a partir de ese año- al estudio de la Torá; ..."Con
loores a D-s...": ¿Qué significa con loores? Que en ese momento es alabado
por el Santo Bendito Él; ..."Mas en el 5to año, comeréis de su fruto":
Desde el momento que ingresa a la educación formal y lee la Torá y la
estudia; por ello "de aquí en más, para incrementar para vosotros sus
frutos". De esto infirieron nuestros Sabios que: A los cinco años se
comienza a enseñarle (al niño) la Torá; a los diez años, se lo instruye en
la Mishná, etc..." (Midrash Tanjuma, Kedoshím: 14).

Una similitud muy particular. Hay una plantación -real, concreta-, que
tiene que ver con la tierra y mi pertenencia a la misma; pero existe otra
forma de "plantar", denominada por los maestros del Talmud como:"netiá shel
jemdá", una suerte de "plantación de belleza, de gracia sin igual", y es la
referida a la educación que impartimos a nuestros hijos. Y así es como
transcurren los tiempos vitales para ellos, tiempos en los que nuestros
Sabios sin conocer tratados de Psicología Moderna ya distinguían con
meticuloso detalle que así se impone nuestro deber en saber discernirlos en
tiempo y en límites. Por tres años hablamos y "creamos" el lenguaje con
nuestros pequeños. Nos acercamos más -tal vez- al "idioma que ellos quieren
hablar", hasta casi el ridículo. Y esos tres años, así "como el árbol", el
fruto sigue aún lejos de madurar. No lo "disfrutamos" en su totalidad. (¡Y
que será dis-frutar, sino aprovechar el fruto!). No así el año cuatro. Allí
para la Torá es "kodesh", sagrado, puro... Como toda creatura... Pero es
nuestra tarea el acercar a nuestros pequeños a la santidad. Aproximarlos a
través de la vivencia que pueden captar con tanta atención sus pequeños
ojitos; a través de las palabras que pueden percibir sus débiles oiditos;
por medio del ejemplo que ven y oyen y que sin duda alguna incorporan a su
propia forma de ser... Eso es Kodesh laHaShem. Consagrarlos para D-s. Pues
si en esta edad no los acercamos a lo esencial... ¿cuándo lo vamos a hacer?
Así será más fácil el paso que viene. Para ellos y para nosotros. "Comer
los frutos". Disfrutar, en otras palabras. Disfrutar al ver como aprenden,
sin obstáculos, no a ser como nosotros, sino a ser ellos mismos. Comienzan
su escolaridad, ante la increíble mirada de sus padres, quienes sueñan día
a día con poder ver cómo los frutos se incrementan -ya no en cantidad-,
sino en la calidad de vida que ellos le están deparando a estas pequeñas
"plantaciones de belleza". Eso es lo primero. Al entrar a Israel y al
entrar a la vida. "Ure-é banim lebaneja" - "¡Que puedas ver los hijos de
tus hijos!", deseaba el Rey David en sus Salmos. Porque si aquello que
plantamos da sus frutos, no habrá duda acerca de lo que vendrá. "Shalom al
Israel" - "la paz sobre Israel".
Plantar. Todos los días, cada día. Un árbol. Un niño. Un fruto. La Torá.
Así bendecimos cuando "subimos" al Séfer: "Vejaié olám natá be-tojénu" -
"que
D-s plantó en nosotros -por medio de la Torá- la vida eterna"...
Pero no olvidemos. Para plantar, más allá de una buena tierra, necesitamos:
una buena raíz, muy buena luz y mucho, mucho aire...
Procuremos como padres, como educadores, como judíos sensibles, cuidar de
nuestras raíces. Para que nuestros pequeños tengan de dónde aferrarse. De
afirmaciones, no de dudas. De cosas profundas, no de cosas superficiales.
Raíces por siempre vivas, que ningún viento pueda arrancar.
Procurémosle "buena luz". Démosle a los niños cosas claras. No seamos
oscurantistas y principistas de metodologías que no hacen más que
confundirnos y alejarlos de la luz, "Torá, Zó Orá": La Torá es la mismísima
Luz, en el juego de las palabras...
Intentemos educarlos pero dándoles "Aire". Creemos el "micro-clima
necesario" para que ellos -por sí mismos- se sientan comprometidos con su
educación. Creemos las condiciones "ambientales" para que nunca abandonen
el "campo donde fueron plantados y en donde darán sus frutos".
Difícil emprendimiento es el plantar. Tanto como educar. Hay tiempos que
respetar según los Sabios del Midrash; respetar en ellos y en nosotros.
Para saber recoger (y tener qué recoger), hay -sin duda alguna- que saber
sembrar. Y seguro que todos tenemos qué sembrar: la vida, la eternidad, los
hijos de los hijos. La paz misma. En el mundo, en Israel. Intentémoslo.
Seguro que vale la pena...